Unidos como familia escolapia, damos gracias a Dios por el don de nuestra vocación. Recordamos la aprobación de las Constituciones en 1622 como señal de una misión que sigue viva en la Iglesia.
Que este día renueve en nosotros la alegría de la llamada recibida y nos impulse a seguir acompañando a los niños, adolescentes y jóvenes con el espíritu de San José de Calasanz.
Sigamos siendo, en cada presencia, testimonios de un amor que educa y transforma.

